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93º SALÓN ANUAL NACIONAL DE SANTA FE

Esta edición del Salón de Mayo convocó a las secciones de pintura, fotografía, cerámica y arte objeto. La muestra se conformó con 118 obras de artistas de Argentina. 
El Salón. Un gesto, un momento y un espacio

La posibilidad de activar este momento fundacional está en nuestras manos. En mayo, un 25, museo, artistas y público estamos convocados a participar en la construcción de sentido, a redefinir nuestro instante, a reflejarnos unos a otros, a mirar un tiempo en todas sus dimensiones. Y, a través de compartir miradas, a sentir y entender esta realidad que nos acompaña.

Somos hoy encuentro, historia, fiesta, transformación y relato. El Salón de Mayo es la oportunidad de abrirnos a experiencias que no esperábamos, a historias que nos sorprendan y sacudan.

¿Estamos aquí?

Este 25 de mayo el espacio expositivo se acciona; múltiples diálogos empiezan a cruzarse entre las obras; la muestra abre propuestas. El Salón nos devuelve al acto breve, a la pregunta, a la improvisación de experiencias; nos acompaña a través de un camino de nuevos relatos.

Toca entonces replantearnos las formas, los sentidos, las prácticas y la pulsión creadora. El museo como espacio de conmoción, de reflexión, de discurso y movimiento. Los museos son lo que somos. El artista como detonador, juez y parte de realidades; como inventor de lo no visto. El público como fuerza, cambio, reflejo y encuentro.

Recorramos este espacio, transitemos sin dirección, perdamos el sentido. Convoquemos entre susurros a los artistas y volvamos a perdernos. Convoquemos la voluntad de ser un todo y ser todos. Detengamos un momento el caminar. Respiremos a ritmos diversos; dejemos que las miradas se equivoquen de senda; volvamos a nuestro lugar; charlemos con todos o con nadie. Permitámonos la distracción; la reflexión de lo que es este momento y este espacio.

Hoy en este museo, más de cien artistas nos señalan un instante de inflexión en nuestro tiempo. Estemos atentos y distraídos a la vez, porque somos hoy testigos de procesos, de construcciones infinitas, de estéticas y de ideas. Estas salas son registro de nuestro tiempo, nuestro lugar y nuestro cuerpo. Esquinas, muros y pisos llenos de definiciones por contar, son aquello que olvidamos y recordamos siempre, al mismo tiempo.

Y los secretos del patrimonio del museo encuentran también hoy un espacio en este Salón. Claudia del Río, tras tres años de trabajo de investigación, lleva a cabo la curaduría de una exposición centrada, principalmente, en los dibujos de la colección donada por Luis León de los Santos. Secretorama descubre los pequeños gestos de un rincón íntimo, descubre a un coleccionista del cruce entre momentos y afectos. Rincones de papeles, de artistas y de complicidad: una tarde de campo, un recuerdo detenido por el lápiz, una hoja con la evocación del enigma de la amistad.

El Salón es un punto de partida que obliga irremediablemente a perdernos y encontrarnos en el gesto de aquellos que hoy se exponen. Un gesto voluntario de cambio de ritmo, un lugar (tiempo/espacio) que nos sacude y exige compromiso, que nos impone cuestionarnos, que nos indica caminos, que inspira incertidumbres, que no deja de dar vueltas y que después de todo, nos sugiere: silencio. Un silencio cómplice entre la obra y uno, y todos. Un silencio que después se convertirá en una efímera zona de instantes compartidos, de voces que empiecen a crecer, de actos que hablen de memoria, de visiones, del día de lluvia o sol. De lo que hemos sido y de lo que podemos ser. De lo que hoy encarnamos como museo, como artistas y como público.

Analía Solomonoff
Directora Museo Rosa Galisteo