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71% DE AGUA

MUESTRA DE ARTISTAS DE ENTRE RÍOS :: Con curaduría de Julia Acosta, Lucas Mercado y Fran Vásquez, integrantes del colectivo Parientes.
71% DE AGUA :: MUESTRA DE ARTISTAS DE ENTRE RÍOS :: Con curaduría de Julia Acosta, Lucas Mercado y Fran Vásquez, integrantes del colectivo Parientes.
71% DE AGUA

El ejercicio de flotar en el agua trastorna nuestros comportamientos habituales, altera nuestros sentidos. Los oídos se cierran, todos nuestros orificios se llenan de agua y nos vemos transportados a una zona difusa de silencio. Un tintineo nos llega de aquí y allá, las distancias se acortan o abisman por igual. La mirada conecta con el cielo a 180 grados, y éste se convierte en soporte, pantalla, lienzo o papel. El cuerpo queda suspendido, la respiración adopta un ritmo que le es ajeno.
En esa superficie que se agita suavemente, encarnamos el abandono, dejándonos llevar por el movimiento ondulante del agua, haciendo la plancha.

El cuerpo humano está compuesto de un 70% de agua, si aumentamos el volumen del cuerpo, sin incrementar su peso, en grasas y minerales, ganamos flotabilidad, nos alivianamos, volvemos a una suerte de -si se nos permite- estado original.
La capacidad de flotar es un fenómeno físico y sucede siempre igual: es cuando un cuerpo y un fluido pueden mantenerse en equilibrio gracias a un balance de fuerzas.
Flotar es soñar, pero ese sueño puede ser perturbador. Hay literatura de terror que habla sobre esto: “Flotan, Georgie. Y cuando estés aquí abajo, conmigo, tú también flotarás”, dice el extraño payaso de It de Stephen King.
Hay angustia, pero también hay belleza, como en las palabras de Juan L. Ortiz en A Teresa Fabani: “La sombra, al fin, la sombra en que ya casi flotabas,/ te cubrió, frágil niña, con la ola temida/ que golpeaba contra tu cabecera en el desvelo visionario.”

Las islas, las plantas acuáticas, el camalote, el irupé, la canoa y las boyas lo saben.

Y los artistas también.

Pero no sucede siempre igual. Cada artista, en función de su contexto, establece su propia forma de flotación, de convivir en un territorio líquido. Una forma de no aferrarse a nada, o de aferrarse parcialmente a algo, a riesgo de no tomar impulso, de la inmutabilidad, para ver las cosas correr de una manera diferenciada. Perciben con el cuerpo y la mirada, la propia flotabilidad. Algo se vuelve liviano para la supervivencia, las formas encuentran la superficie y el cuerpo tensa la relación con el medio.
Intuimos que los artistas aquí reunidos tienen algo de esto, y son ese 1% más de agua, de porosidad, que hace a su singularidad. Una tensión entre el adentro y el afuera, una poética, eternamente en construcción, en un paisaje que se abisma.